La Lavanda, más conocida como lavanda, es una de las plantas más emblemáticas de la región mediterránea. Sus flores violetas, su intenso aroma y su gran resistencia la convierten en una favorita para jardines, terrazas y balcones soleados.
A diferencia de muchas plantas ornamentales, la lavanda necesita vivir en exterior y a pleno sol, recibiendo al menos entre 6 y 8 horas diarias de luz directa. Cuanto más sol tenga, más abundante y duradera será su floración, que se extiende desde finales de primavera hasta el verano.
Su mantenimiento es muy sencillo: necesita muy poca agua y solo debe regarse cuando la tierra esté completamente seca. De hecho, el exceso de riego es su principal enemigo. Para prosperar requiere un suelo ligero, arenoso y con un drenaje excelente.
Además, apenas necesita fertilizante, bastando una única aportación al inicio de la primavera. Una poda tras la floración ayudará a mantener su forma compacta y estimulará un crecimiento saludable.
Resistente, aromática y de fácil cultivo al aire libre, la lavanda aporta belleza, color y el auténtico espíritu mediterráneo a cualquier espacio exterior. Eso sí, conviene recordar que es tóxica para las mascotas.